La política en Colombia es cambiante a la medida y necesidad de los grupos de poder. No tienen el menor escrúpulo, ni les da vergüenza manipularla a su antojo, para en forma engañosa y sofisticada, cumplir los fines que se proponen, la mayoría de las veces llenos de vicios Constitucionales, falencias legales, trampas disimuladas en largas peroratas que dicen nada, pero suenan fuerte y aparentemente bien, en medio de esta debacle institucional creada desde las ramas del poder que se oponen al Ejecutivo, en un indecente y asqueroso manejo de eso que llaman el Legislativo, y ese fétido, indecente e inescrupuloso manejo que le da un fiscal sin escrúpulos en su Búnker.
Vivimos en un país que no se avergüenza de haber sido, durante más de 2 siglos, una falsa democracia, en la que clases privilegiadas, las minorías, apoderadas del poder a las buenas o a las malas, hicieron una falsa democracia, con la discriminación de millones de compatriotas, que sometidos al olvido, han vivido en la más extrema de las pobrezas, abandonados a su suerte, al hambre, el desempleo, la falta de oportunidades y la no participación en los grupos que estudian los problemas, para encontrar las soluciones.
Colombia tiene una policlase y unos grupos sociales enquistados, que se resisten al cambio, en un mundo, que no da más espera y que solo reclama una vida digna para los
habitantes de toda una Nación, para dar cumplimiento a la carta Constitucional que nos rige, en la que no puede haber ni discriminaciones, ni abandonos, ni pobreza extrema, ni falta de acceso a la salud, a la educación, al trabajo, a la vivienda digna, a los servicios públicos, de mano de los cuidados de las instituciones establecidas para eso y los entes de control, que se supone están levantados para hacer evidente lo que no se cumple, hacerlo visible y encontrar pronta respuesta y solución.
Pero no, en este país de injusticia sin límites, de politiquería barata, de poderes en manos de inescrupulosos, que tienen además el cinismo de dar clases de moral pública, cuando han sido lo peor que tenemos en el andamiaje social, como los hipócritas actores, que han acomodado la ley a su favor, las contrataciones para sus círculos cerrados, los despilfarros para llenar sus bolsillos y los de sus amigos, la felonía y el delito contra las instituciones y el Estado, solo para tener el poder de poder hacer lo que quieren, como quieren, cuando quieren, sin que un grupo social sólido, bien conformado y decidido a no dejar derrumbar la institucionalidad, los enfrente y los acorrale, para que comiencen a pagar por todos los desmanes y delitos que han cometido desde la política y la burocracia, en medio de una impunidad que es no solamente cínica y enclenque, sino que además produce rabia y burla a la vez; rabia ante la manera artera y sin escrúpulos con la que actúan, y burla cuando no queda más que reírse de esos indecentes, de esos inescrupulosos, de todas esas élites de poder, llenas de gulas insaciables, de falta de conciencia, de incapacidad para la autocrítica, de incompetencia para la solidaridad y de ausencia total de todos los valores éticos y morales que deben ser obligatorios en el andamiaje de los que nos gobiernan y sus desbarajustados e indecentes seguidores y mandaderos.
Se llevó a cabo el cierre del Congreso Empresarial Colombiano CEC y la asamblea de los afiliados a la ANDI, donde el presidente de dicha asociación, Bruce Mac Master, hizo un llamado “a actuar con buena voluntad poniendo el bienestar de Colombia como el único objetivo”. Mentira, el progreso de Colombia que beneficie a todos los colombianos, no ha sido una prioridad de los que manejan el poder político y económico. El beneficio solo es bueno si los favorece a ellos sin importar las brechas sociales, ni la desigualdad, ni la pobreza, ni el absoluto abandono de millones de colombianos y de vastas zonas de nuestra geografía.
Dijo sin sonrojarse: “Entendemos que tenemos inmensos desafíos que solo podrán ser superados a través del diálogo, el trabajo colectivo y la buena voluntad”. Llamó a lograr lo que denominó “la paz verbal”. “Debemos entender que existe la responsabilidad de las palabras y asegurarnos de que estas no generen más violencias”. En eso tiene razón, aunque no sea su propósito; para confirmarlo, llevo el discurso del “peor fiscal del universo”, el amigo del Títere, que ha construido una Fiscalía con 96% de impunidad. Las maletas que sacó Walfa de la FGN, tarde o temprano serán abiertas a la opinión pública, y conoceremos que se escondía en ellas.