“Es loco. Poder y mando…
Roma está lejos, el General no conoce a las personas,
ni los hechos, a lo menos, con todas las circunstancias
que tienen, de que pende el acierto. 
Forzoso es se caiga en yerros muchos, y graves,
y por ello se disguste la Gente, y menosprecie gobierno tan ciego…
Que es gran desatino que el ciego quiera guiar al que ve”.
Juan de Mariana
    
Estamos viviendo una hecatombe política, una muerte lenta y dolorosa de los partidos tradicionales, de los arribistas que cambiaron de nombre para poder hacer con los bienes del Estado, lo que les viniera en gana, sin que les importara mucho la realidad de un pueblo entero, que indiferente pero aplastado, sufría las consecuencias de ese ejercicio amoral e inescrupulosos de la política, convertida en negocio sucio y en prostíbulo de mala muerte. 
Bien lo dijo un día el inmolado Álvaro Gómez Hurtado: “En este país de liberales malos y conservadores desteñidos… nos quedan unas pocas horas para convocar a la opinión, a la ciudadanía liberal, a la ciudadanía conservadora, a los ciudadanos sin partido, a todas las minorías y a aquellos colombianos que puedan adoptar como propósito colectivo, un acuerdo sobre lo fundamental, porque son desinteresados, porque tienen coraje, porque no son sobornables…”.
Hoy esas palabras vuelven a tener fuerza y vigencia, porque estamos en un país en el que los grupos que tuvieron el poder 2 siglos, los clanes que se formaron de ellos, las mafias políticas y sus secuaces, los negociantes  de la política, dedicados por completo, sin escrúpulos y sin remordimiento alguno a destruir la institucionalidad,  con muchos nidos de ratas que tienen en la política los filones inagotable que sin rubor y sin conciencia explotan para su enriquecimiento personal, a costillas de los profundos e insubsanables  abismos que fabrican, entre los pocos que tiene todo y los millones que tienen nada. 
Tener una Colombia incluyente que se preocupa por todos sus habitantes, en todos sus rincones no es tarea fácil, mucho menos cuando es bombardeada desde “la oposición inteligente”, que actúa como “una deposición asquerosamente bruta”, llena de ignorantes y analfabetas políticos que a punta de  redes sociales, de pagar favores y rascar espaldas, se pudieron subir en el bus del poder, para ser los que sin cuestionamientos serios, bien sustentados  y estudiados, levanten la voz para mostrar dónde hay equivocaciones, en qué están cometiendo errores, malversando fondos o asaltando al Estado.
No, ahora la moda raquítica, deshonrosa y pasajera, es el insulto y el agravio contra el opositor, el que está en desacuerdo, el que no cree en las falsas promesas de los que ayer desangraron este país y quieren aparecer hoy como los salvadores de lo que ellos mismos destruyeron, sin que eso antes les produjera vergüenza, remordimiento o peso de conciencia. 
Si a esa absoluta y nefasta actitud cínica y deshonesta, agregamos que casi todos ellos son los nuevos promotores de una violencia que tiene desangrado este paraiso, con incitaciones al odio, llamado a guerras entre compatriotas, que enfrentan ciudadanos inocentes e inermes a una pandilla de nuevos “bandoleros” sin escrúpulos y sin pudor,  entonces estamos  enfrentando una guerra sucia, que utiliza “esclavos sin cadenas”, pero esclavos, como los que van al frente en procura de dar golpes blandos o duros, que nos hacen recordar la época de bandidos, facinerosos, salteadores, cuatreros, malhechores o forajidos como “Sangre negra”, Enrique Medina, alias ‘Pavor’, ‘Sietecueros’, “Chispas”,  “Vladimir”, “Trescullillos”, “el Piojo”; son esos que hoy con sofistería y engaño, aparentan ser decentes, cuando no son más que la nueva generación de aquellos que los precedieron.
Hoy están fuera de cabales, palomas, polos, migueles y todos sus semejantes, patrocinadores y defensores de “matarifes” y “títeres”, que con deshonra y sin escrúpulo, con poca gloria y nada de pena, van de lado a lado incitando a las masas a comenzar una nueva e hipócrita revolución a sabiendas de que su único interés en mantener el dominio de sus feudos, con la complacencia de periodistas prepagos, que ejercen el noble arte del periodismo como una profesión de prostíbulo de mala categoría con fulanos de pésima estofa y peor pelambre, llenos de antecedentes, que los hacen cuestionables en cualquier democracia decente. 
Lo había escrito en el 2.022: “La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer”... Estamos ante la realidad de un nuevo orden mundial, que reivindica a los olvidados. Eso tiene un costo alto, que no podemos dejar de pagar, si queremos tener una Colombia decente.