Difícil encontrar un sector más golpeado por el Gobierno que el campo colombiano. No se sabe qué es peor, si el total abandono del territorio a los grupos de delincuentes con quienes se negocia la llamada paz total o el fracaso por incompetencia de la tan anunciada reforma rural. Baste con registrar que el Ministerio de Agricultura, a estas alturas, solo ha ejecutado un 4% del presupuesto asignado por valor de 9.19 billones de pesos. ¿Dónde va a quedar la promesa de convertir a Colombia en una potencia mundial agroalimentaria? En nada seguramente, como ocurrirá con todas las demás promesas del señor Petro.
 
Como si todo esto no bastara, ahora el Gobierno amenaza con extender su larga y nociva mano a los gremios e institucionalidad del sector. A pesar de contar con ese ‘billonario’ presupuesto no ejecutado, el Ministerio de Agricultura expidió el jueves pasado la Resolución 00124 de 2024, denominada Confianza Colombia. Paradójico hablar de confianza cuando aquella no se publicó para comentarios, como es usual, ni tampoco se divulgó en el Diario Oficial.
 
El objetivo de la Resolución no es otro que dar un zarpazo a los recursos de la parafiscalidad agropecuaria para beneficiar a las asociaciones afectas al Gobierno. De acuerdo con la Resolución, el Gobierno determinará a su antojo la destinación de los recursos parafiscales que administran los gremios.
 
En concreto, los afectados serán los gremios ganadero, palmero, arrocero, avícola, porcino, cacaotero, papero, cerealista y tantos otros que constituyen la institucionalidad del sector. Pero de todos ellos, el que preocupa particularmente es el gremio cafetero, que cuenta con el fondo más apetecido por el Gobierno, ya que maneja más de 319.000 millones de pesos anuales y que desde su creación, en 1940 por iniciativa de Carlos Lleras Restrepo, ha sido administrado por la Federación Nacional de Cafeteros.
 
Yo creo que más que los recursos, lo que ha puesto a la Federación y al Fondo en la mira del Gobierno ha sido su estructura organizacional que le permite acceder a territorios en los que tradicionalmente la izquierda ha tenido poca receptividad. La estrategia de Petro y de su ministra ha sido desprestigiar a la Federación y a toda la organización del sector, bajar la moral de más de 500.000 cafeteros y, como siempre, llenar el panorama de falsas promesas que terminarán por infligir grave daño al sector. Poco le importa a Petro erosionar la organización más democrática que existe en el país, con 368.000 cedulados que eligen a 387 comités municipales.
 
Poniendo como punta de lanza a los ministros del Interior y de Agricultura, el Gobierno tiene en constante zozobra a los cafeteros. El ministro Velasco ha dispuesto que su hermana Ximena, quien no tiene ni preparación ni requisitos, se convierta en la gran gurú del sector como asesora en asuntos cafeteros. La ministra de Agricultura ha adoptado un discurso de odio contra la Federación y, sin propuestas, ejerce arbitrariamente su poder sobre la institucionalidad y adelanta asambleas de amigos para dar apariencia de legitimidad y representatividad lo que no pasa de ser un mitin o, mejor, un motín en contra de una institución que en casi 100 años ha construido la caficultura. Como ejemplo, la espuria “Asamblea Cafetera” en Bogotá, con menos de 500 asistentes (entre ellos funcionarios del Ministerio y sus entidades) que en muchos casos no eran cafeteros a quienes prometió el oro y el moro.
 
Como hasta la fecha el Gobierno no ha hecho una sola propuesta en materia de política cafetera, forzoso es concluir que lo único que le interesa es captar el voto cafetero y con la Resolución mencionada instrumentalizar a la Federación para llegar con apoyos y subsidios a un colectivo de 378.000 cafeteros con necesidades inocultables para “animarlos” a acompañar el proyecto político progresista. La captura política de la Federación y del Fondo no solo constituiría el fin de una institución organizada democráticamente, sino que sería también un salto al vacío para la caficultura, que constituye el renglón agrícola más importante del país.
 
Acierta el doctor Bahamón, presidente de la Federación, cuando sostiene que la extorsión es la nueva roya de los cafeteros, pero yo agregaría que el petrismo es la nueva broca del sector y de la caficultura.