El virtuoso violinista Joshua Bell tocó 43 minutos en el metro de Washington, el 22 de enero del 2007.
La gente lo ignoró mientras tocaba un violín Stradivarius de 3.5 millones de dólares.
Casi nadie se percató de lo que pasaba ni supo valorar al intérprete ni la música de un genio como Bach.
De hecho era un experimento del Washington Post para mostrar que vivimos en piloto automático.
Pasamos al lado de las maravillas sin percatarnos, de prisa, sin el don infantil del asombro.
Sólo unos pocos se detuvieron a apreciar la música y a deleitarse con el show de un genio.
Bell estuvo allí de jeans, con una camisa sencilla, tocó cuarenta minutos y le dieron algunos dólares.
¿Tú aprecias la belleza mientras andas de prisa por la ciudad? ¿Sabes admirar o sentir tantas maravillas?
@gonzalogallog