He sostenido que el “sancocho nacional” es una idea política transformadora que, desde los años 80, busca involucrar a la gente común en la política, y romper el monopolio de las élites económicas y partidistas. Se trata de democratizar el ejercicio del poder, haciéndolo cotidiano y colectivo.

Esta visión incluyente resurgió con fuerza en la propuesta de “Colombia Humana” como eslogan de la campaña presidencial de Gustavo Petro en el 2018, propuesta hecha desde el Movimiento Progresista, en el que militábamos en ese entonces. Sin embargo, cometimos el error de usar ese nombre para un Partido formal, lo que generó múltiples inconvenientes al registrarse como marca particular lo que era patrimonio simbólico de millones de ciudadanos.

En el 2022 persistimos con la convocatoria amplia del “Pacto Histórico”, campaña que movilizó agrupaciones sociales y políticas y, en especial, a millones de ciudadanos, hasta lograr el 16% del Congreso y ganar la Presidencia; pero se repitió el error: tres partidos -Polo Democrático, Unión Patriótica y Partido Comunista- registraron la marca, dejando a más de 11 millones y medio de votantes de Gustavo Petro -que no militan en esas colectividades- incorporados en una estructura partidista que no los representa plenamente.

Con miras a las elecciones del 26, a mediados del 2025 se propuso el “Frente por la Vida” como el espacio de convergencia social y política, espacio que convocó a Colombia Humana, al Pacto Histórico y al Frente Amplio Unitario (formado por los sectores del pacto excluidos del registro de ese Partido). Ese frente, avalado por el propio presidente Gustavo Petro, se propuso la defensa de la vida, la dignidad, la democracia y la justicia social, y profundizar las transformaciones iniciadas en este Gobierno. La estrategia era clara: elegir una candidatura presidencial mediante consulta abierta el 8 de marzo, junto con las elecciones de Congreso, permitiendo la participación de muchos sectores políticos y sociales comprometidos con esas transformaciones.

No obstante, las tensiones aparecieron. El Consejo Nacional Electoral ha obstaculizado el proceso excluyendo liderazgos como el de Iván Cepeda, mientras el Pacto Histórico ha optado por inscribir listas propias al Congreso, obligando a otros sectores a buscar vías complementarias. Lo más preocupante es la pretensión de imponer una candidatura unilateral, lo cual contradice los acuerdos, desmoviliza a la base ciudadana y facilita el retorno de la derecha.

El compromiso debe mantenerse: el 8 de marzo se elige una candidatura alternativa. Es imperativo hallar mecanismos con los que el Frente y el Pacto confluyan para garantizar la continuidad del proyecto progresista iniciado en el 2022. Por ello, respaldo la realización de la consulta y convoco a la ciudadanía a participar; cada voto por la consulta del “Frente por la Vida” es fundamental para sumar fuerzas con los partidos Pacto Histórico y Colombia Humana, y frenar el retroceso político que se puede estar generando.

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Posdata: Insisto en la unidad desde la diferencia. La lógica electoral es simple: cada voto restado al “Frente por la Vida” es una ventaja para la derecha. ¿Es tan difícil entenderlo?