Colombia enfrenta hoy una dura encrucijada en sus finanzas públicas. Esto se evidencia en el altísimo déficit fiscal (-6,2% del PIB), jalonado por el mayor gasto del Gobierno nacional, principalmente en funcionamiento, y por el desplome de la eficiencia en el recaudo tributario, todo lo cual se ha traducido en un mayor endeudamiento de la Nación. Basta sólo mirar la deuda externa del sector público colombiano a julio del 2022, que alcanzaba 100.826 millones de dólares, y compararla con la cifra actual disponible (cifras del BanRepública a octubre del 2025), que bordea los 145.430 millones de dólares.
Y lo que ahora prende las alarmas de la opinión pública son las dos nuevas y recientes emisiones de deuda externa que hizo el Gobierno nacional en los meses de diciembre y enero y que, sumadas, alcanzan 11 mil millones de dólares, con lo cual sobrepasa la escandalosa cifra de 156.000 millones de dólares de deuda externa.
La primera, en diciembre pasado, se hizo cuando la opinión pública y analistas por igual estaban distraídos con los trajines propios de las festividades decembrinas. El Ministerio de Hacienda, a través de su Dirección de Crédito Público, adjudicó “a dedo” el equivalente a 6.000 millones de dólares, a uno de los fondos de inversión más grandes del mundo, PIMCO. En Colombia, este tipo de operaciones se han hecho siempre a través de subastas públicas transparentes, en las cuales el gobierno se asegura de conseguir la mejor tasa. Esta vez no fue así, lo que erosionó la confianza de los inversionistas en el mercado de deuda pública colombiana.
Contadas semanas después, en este enero, vino la segunda colocación de deuda, esta vez sí mediante convocatoria pública y subasta, por valor de 5.000 millones de dólares. Se trató de una deuda contratada al 5,83% anual, una tasa que es un punto porcentual superior a la que pagan comparables como México y Chile. Pero el propio Gobierno salió a defender esta nueva operación, la graduó como todo un éxito en términos de tasa y, en su afán por justificarla, confundió la tasa de interés en dólares con la tasa denominada en pesos.
Se consolida así el incremento desbordado de la deuda pública, con el agravante de que se está contratando más cara a la de otros países de la región. Es más, leí hace poco una declaración del profesor de economía de la Universidad de los Andes, Germán Machado, quien expresó que Colombia “se endeuda más caro que Pakistán y en las mismas condiciones que Kenia”.
El escenario no puede ser peor. Estas últimas contrataciones de deuda, a tasas más altas para el país, son el resultado de unas finanzas públicas insostenibles. Nada qué celebrar. Por el contrario, mucho de qué preocuparse con una senda de endeudamiento que no encuentra techo y que le representará al erario destinar aproximadamente el 4,5% del PIB al año en intereses; una cifra escandalosa. Serán muchos los años de “apretón” para volver a poner la casa en orden. ¡Valiente tarea la que le espera al próximo gobierno!