En aquel tiempo Brigitte Bardot, fallecida el año que ya pasó el Día de los Inocentes, fue la novia clandestina de muchos setentones prolongados de hoy que hicimos la primaria sentimental a distancia, amando imposibles de dos pies. Con sus películas audaces, la Bardot le abrió espacios al ojo masculino en el -hasta entonces- prohibido paisaje femenino. Alejada de las vanidades, se hizo enterrar en un ataúd de mimbre que se volvió tendencia en las funerarias francesas.
Muchos porteros de teatros de barrio hubo que sobornar para poder ver desde la aristocracia de gallinero cintas como "Y Dios creó la mujer", "La verdad", "Viva María", o "Don Juan".
Jacques Seguela, publicista mayor del fallecido presidente Francois Mitterrand, sintetizó en forma certera el significado del deshabillé (destape) de la Bardot hacia 1954: "Encarnó la liberación de la mujer. Ella es el símbolo". Hace varios años, al ingresar a la leyenda mientras le decía no el mundanal ruido, la Bardot dijo: "He dado mi juventud y mi belleza a los hombres; ahora doy mi cordura y mi experiencia a los animales".
Ahora: como los animales tienen su estómago, la Bardot decidió volver dinero su ropero. Cayeron en manos de coleccionistas prendas íntimas, suspiros suyos por algún amor imposible (no sólo quienes aparecemos en el directorio telefónico tenemos amores platónicos), pañuelos para enjugar lágrimas furtivas; vestidos que lució en una sola fiesta y después pasaron al anonimato de su guardarropas.
¿Cómo sacarle partido a un marido remoto y querido por ella como Vadim, quien hace tiempos ya no es de la partida? Vendiendo el traje de su temprana boda con él. "Merci" (gracias), dijeron en coro varias focas agradecidas.
Madame Bardot fue un 14 de julio de belleza, una Bastilla de insomnios, una torre Eiffel de tacón bajito, una fiesta nacional francesa que camina, un Palacio de Versalles de carne y hueso.
Madame siempre tuvo el nada discreto encanto de lo prohibido. Más de un párroco la excomulgó desde el púlpito con el corazón en la mano, después de ver sus películas camuflado de adolescente en el cinema paradiso de su barrio. No faltará algún ingenioso que la haya convertido en materia prima del pecado adjudicado –sin razón- al bíblico Onán.
Alguna vez fue invitada por el padre García-Herreros a asistir al Banquete del Millón a hacer el escándalo del amor con el propósito evidente de convocar más ricos para su obra.
La mera invitación provocó un escándalo de la madona. Madame Bardot dijo, sí pero con está aclaración: “No me creo una pecadora, sino una mujer del mundo moderno. Sé amar. Es todo. Todos tienen derecho a servir al hombre. Eso no es privilegio de los santos”. Finalmente, la visita se canceló.
El corazón está doblemente agradecido: primero con la explosiva Brigitte por haber puesto la primera piedra para la liberación y el destape del eterno femenino; luego, con la pacífica Madame Bardot dedicada al amor de doble vía de sus animales.