Luego de que se realizaron los famosos juicios de Núremberg contra los militares nazis alemanes en 1946, se creyó que jamás se volverían a cometer tantos crímenes horribles. Los juicios se convirtieron en un esfuerzo por demostrar la efectividad del derecho internacional, así como en el impulso para la creación de la Organización de las Naciones Unidas, la cual formaba parte de una nueva legalidad internacional. Por fin, todos los Estados estaban en el “lado correcto de la historia”.
A propósito de esto, en una cafetería escuché parte de un acalorado debate sobre el “lado correcto de la historia”. Uno de los contertulios hablaba sobre el temor a una tercera guerra mundial nuclear: “Mira, Trump acaba de sacar a Estados Unidos de 66 organizaciones internacionales; subirá el arancel al 25% a cualquier país que se atreva a comerciar con Irán; el bombardeo de Venezuela y el secuestro de su presidente señalan el fin de la legalidad internacional”. Además, añadió, “los rusos le lanzaron un misil balístico a Ucrania, el Orieznik, capaz de llevar carga nuclear”. Ciertamente, “si ese misil hubiera volado cuatro minutos más, habría llegado a Londres”.
Uno de los contertulios sentenció, a modo de consolación, con la promesa mesiánica de que Europa, Estados Unidos y Rusia debían colocarse en el “lado correcto de la historia”, pues “entre Cielo y Tierra no hay nada oculto”, la “Verdad brillará” -casi nunca brilla-.
La idea del “Juicio de la Historia”, o del “lado correcto de la historia”, según Joan Wallach Scott, es una versión no religiosa, secular, de la creencia bíblica del Día del Juicio Final, al final de los tiempos, de cómo se había revelado la “Verdad de la Historia”. No es casual que el secuestro de Nicolás Maduro culminara en un juicio, una especie de “Juicio de la Historia”.
Como dicha expresión tiene una carga moral y política, el partido político de ultraderecha español Vox usa de manera intensa, en su comunicación política, el pasado remoto de España, tanto de la historia medieval como de la moderna, así como la lucha contra el invasor extranjero -los musulmanes- para justificar su política antiinmigrante.
Fidel Castro en 1953 dijo ante un tribunal que lo llevaría a la cárcel la “Historia me absolverá”. El expresidente Duque, el 20 de abril del 2019, escribió en X, un “llamado a militares y al pueblo de Venezuela para que se ubiquen en el lado correcto de la historia”.
Ese mensaje generó 31.000 corazoncitos y la respuesta del presidente de Petro, quien sostuvo que “el lado incorrecto de la historia es el de la violencia: la primacía de las armas sobre el hablar”. Su embajador en Estados Unidos justificó la ruptura de relaciones con Israel como un veredicto de la historia: “lo cierto es que Colombia está en el lado correcto de la historia”.
La alemana Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea -quien más ha hecho para continuar la guerra contra Rusia con la fantasía de doblegar a una potencia nuclear-, “condenó la represión violenta contra manifestantes en Irán” y afirmó que “los responsables serán recordados del lado equivocado de la historia”. La guerra total que pronto iniciará Estados Unidos contra ese país así se lo recordará.