Aquel hombre que tenía el don de gobernar los caballos, el mejor jinete, se le llamaba en la antigua Roma auriga. ¿Quién era el mejor cantor y auriga en Roma?, pues Nerón. Pero el emperador Cómodo era el mejor arquero y creía sinceramente, al igual que Calígula, según Paul Veyne, que el “hombre cuya naturaleza es de ser emperador, es un ser de una estatura gigantesca”. Aquí no importa, escribe Veyne, si tienen o no virtudes políticas o como se dice ahora “liderazgo” o “ganas de servirle al país”. Son de estatura gigantesca porque son emperadores y son emperadores porque son de una estatura gigantesca.
Son autores de grandes hazañas militares. En nuestros tiempos megalómanos, equivaldría a la hazaña de sumergirse en una tina con hielo para mostrar la fortaleza, la densidad de los músculos a los 58 años o lanzarse en paracaídas con su novia de 32 años.
El traductor catalán, Xavier Roca-Ferrer autor de la obra Talleyrand, dedicada al ministro de Relaciones Exteriores de Napoleón, quien había aprendido de su madre “el arte de hablar maravillosamente sin decir nada” y cuya habilidad le sirvió según Roca, como si fuera una araña con su telaraña a su palacio, para atraer pensadores, emperadores y príncipes “las moscas doradas” de la política francesa y engañar a más de “veinte reyes”.
A este ministro “cuando se le sorprende en los asuntos más turbios, siempre aparece rodeado de personajes ilustres”. Cuando murió había acumulado los títulos de gran chamberlán del Imperio, vicegran elector imperial, príncipe de Talleyrand, duque de Dino, gran águila de la legión de Honor, caballero de la Orden del Saint-Esprit, gran comandante de la Orden de la Corona de Westfalia, Orden del León y del Sol, del Águila Negra y del Águila Roja.
Ulrich Herbert, renombrado experto en la historia del nazismo, en su libro sobre el Tercer Reich. Historia de una dictadura recuerda a los aduladores de la glorificación del Fuhrer, “a quien todo le sale bien”. Los juegos olímpicos de 1936 se celebraron “con suntuoso esplendor” y afirmó el embajador de Francia de aquel entonces que: “todo el mundo está encantado”.
Vargas Llosa murió el 13 de abril del 2025 e inmediatamente su hijo Álvaro solicitó el marquesado que el rey Juan Carlos le otorgó a su padre por sus méritos literarios. En el país donde se inventó el liberalismo, en Inglaterra, en la cena de estado con el presidente de Alemania, la reina Camila de 78 años sacó “el gran tesoro real del joyero de Isabel II de casi 10 millones de euros” y “lució la diadema de las Niñas de Gran Bretaña e Irlanda, diseñada por el joyero real Garrard”, estimado en un valor de 10 millones de euros.
Nada parece haber cambiado desde los tiempos del sublime Nerón. Se promociona en las redes sociales, no los viejos megalómanos imperiales que dominaban el arco e iban a la guerra o simulaban ir sino a una “personalidad de redes sociales” quien “vive entre Mónaco y otros destinos del más alto nivel” y es DJ, “es una figura carismática” que “no teme mostrarse como es”, encanta “su autenticidad”. Lástima que no sea un auriga como Nerón.