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En los años 70 sobresalía el orgullo y era una escena maravillosa del paisaje manizaleño mirar hacia la zona nororiental de la ciudad y ver de manera casi que perfecta una inmensa montaña en forma de león. Área tupida de verdes y de vegetación que llegó a ser una importante reserva de la ciudad. Claro que nos estamos refiriendo a Monteleón, actualmente casi desaparecido y colonizado para el desarrollo de proyectos urbanísticos, porque hacia esta área es donde más hemos crecido en los últimos 30 años. De Monteleón van quedando solo recuerdos, y se espera que no esté corriendo la misma suerte el Parque Nacional Natural Los Nevados (PNNN), que el Eje Cafetero completo se ocupe de seguirlo protegiendo de todos los riesgos que amenacen su desaparición.
Lo decimos porque inquieta muchísimo el diagnóstico que hizo la Región Administrativa y de Planificación (RAP) Eje Cafetero en relación al comportamiento de la actividad ganadera en municipios del área de influencia del PNNN, que son zonas de alta montaña. Se encontró que hay cerca de 2 mil 300 ejemplares vacunos, principalmente de doble propósito (leche y cría), que es una cifra bastante alta sabiendo que esto allí es una actividad productiva consolidada que está generando presiones negativas sobre ecosistemas de páramo y de bosque alto andino, considerados estratégicos para la conservación. El PNNN es un bien del país que tiene que dolernos a todos, se puede decir que nadie debería ser indiferente a lo que allí ocurra, todo lo contrario; la reacción tendría que ser salir a defenderlo.
El análisis menciona que municipios como Anzoátegui, Murillo, Santa Isabel y Casabianca de Tolima; Manizales y Villamaría de Caldas, y Santa Rosa de Cabal de Risaralda poseen hatos ganaderos que estarían ejerciendo efectos nocivos sobre los suelos de páramo y en la producción de agua para 3.5 millones de personas en el centro-occidente del país por las fuentes que allí nacen. Dificulta todavía más la situación cuando la RAP dice que en la zona amortiguadora del Parque ha sido imposible determinar el número exacto de ganado existente, porque los dueños de fincas no colaboran entregando los datos, y no se cuenta con el personal técnico suficiente en campo para realizar el trabajo. Gobernaciones, alcaldías, propietarios y corporaciones autónomas regionales deben sentarse a buscar una salida consensuada.

Se trata de diseñar, planificar y ejecutar entre todos lo que sería una transición paulatina hacia otras actividades productivas, orientadas a la conservación ambiental en estas zonas, de manera que se empiece a reducir la afectación sin golpear la economía de los finqueros. Muy seguramente habrá que pensar en apoyos económicos como son las exenciones de algunos impuestos, en capacitaciones e incluso en el acceso a créditos blandos que les faciliten hacer una reconversión productiva sin mayores traumatismos. Pero hay que entender y creer que se necesita hacerlo desde ya si no queremos condenar al PNNN a su muerte. Se trata de un Parque declarado por sentencia de la Corte Suprema de Justicia como sujeto de derechos de especial atención ambiental, y la ganadería no es compatible con esta decisión judicial.