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En nueve años, desde el 2017, Caldas ha tenido seis masacres que han dejado 21 personas asesinadas, casos en su mayoría resueltos. El último ocurrió el domingo en una vereda de Marquetalia, donde ultimaron a tres hermanos. La hipótesis de las autoridades es que los responsables serían integrantes de una subestructura del Clan del Golfo, grupo al margen de la ley que completa la segunda masacre en siete meses en este departamento. La anterior fue en julio del 2025 en el corregimiento Guarinocito, de La Dorada, donde asesinaron a tres hombres, atribuida también a este grupo delincuencial.
Son hechos en los que aparecen cuerpos con señales de tortura, característico de estas organizaciones ilegales antes de llegar al asesinato. Así tengan que ver con ajustes de cuentas, retaliaciones por la participación en otros delitos como el negocio de las drogas, no deberían estar sucediendo este tipo de muertes en Caldas. Si siguen pasando ratifica que sí hay presencia de grupos armados en Caldas, posiblemente que se mantienen muy bien camuflados a través de otras actividades, pero el trasfondo es que son cabecillas a cargo de los negocios ilícitos de estas agrupaciones y tienen a su gente actuando en el departamento.
Es insano seguirlo negando porque desvía las investigaciones y el diseño de estrategias más acertadas para enfrentarlos. En agosto del año pasado la Policía capturó en Marquetalia a un hombre que llevaba un año viviendo en ese municipio del oriente, era el encargado de manejar allí las rentas criminales del Clan del Golfo, igual que lo hacía en Victoria, La Dorada y Pensilvania. Se indica que tenía ganancias de $45 millones al mes. En las estructuras delictivas se sabe que cuando detienen a algún cabecilla siempre hay quien lo remplace para continuar haciendo de las suyas. Por esto es imposible parar de investigar y menos se puede ceder terreno con situaciones tan delicadas.
Ahora que hubo cambio en la Comandancia de la Policía Caldas y asumió este cargo el coronel Álex Uriel Durán Santos debe considerar prioritario enfrentar y desarticular estas estructuras para garantizar la seguridad en el departamento. Es un reto que no se puede posponer porque también afecta la tranquilidad del resto de ciudadanos. Cuando ocurre una masacre no solo quedan afectadas las partes, los pobladores tienen esa sensación de inseguridad que empieza a minar muchos otros aspectos de la vida diaria y por eso se requiere de la intervención de las autoridades y de las instituciones que protejan a las comunidades.

Si a esta masacre en Marquetalia se le suman otros 16 homicidios cometidos en menos de un mes y medio en otros 10 municipios de Caldas, incluyendo a Manizales, indican que sigue siendo muy compleja la seguridad en el departamento, porque hace un año en este mismo periodo también se contabilizaban 19 homicidios. Si es el momento de solicitar apoyos nacionales, pues hay que hacerlo; además porque siendo parte del Eje Cafetero, en Risaralda y Quindío tampoco deja de crecer la comisión de este delito de gran impacto; solamente en Pereira han ocurrido ya 18 homicidios. Todos queremos vivir en territorios pacíficos, menos violentos, porque la seguridad trae consigo competitividad y desarrollo, esa es la importancia de mantenerla y lo preocupante de dejar perderla.