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La Asamblea Legislativa de Costa Rica eliminó en días pasados las penas de prisión para periodistas por los delitos de calumnia e injuria, una recomendación que para las democracias de Latinoamérica ha hecho en varias oportunidades la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y particularmente la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión. Esta decisión es un buen augurio para pensar en que será posible algún día ver que esta misma decisión se tome en otras latitudes, incluida Colombia, donde este sambenito sigue amenazando el ejercicio del periodismo.
Es bueno recordar hoy, el Día del Periodista tradicional en Colombia, que entre los muchos temores que agobian a quienes ejercemos esta profesión está el de pagar cárcel en caso de que se termine condenado por alguno de estos delitos. Hay quienes creen que pedir la eliminación de la pena de cárcel significa que los periodistas buscan impunidad para excederse. No, simplemente hay que entender que no parece que la prisión, la máxima de las sanciones de nuestro sistema penal, se deba usar para castigar un hecho que no debe verse como criminal, sino que existen otras vías de resarcimiento para quien incurra en él.
Sabiendo que pueden instigar a un periodista haciéndole temer que se pueda ir a la prisión, muchos personajes públicos abusan del derecho para cometer acoso judicial. Incluso se presiona ante los jueces, simplemente para sembrar miedo, ante la impotencia y la precariedad con la que trabajan la mayoría de los colegas y esto al final lo que provoca es que se silencien las voces que son necesarias para el debate público. El periodismo para poderse ejercer con libertad tiene que saberse rodeado de un sistema que lo proteja, porque de lo contrario, se abren posibilidades para la censura y la autocensura.
Por supuesto que los malos periodistas tienen que responder por sus excesos. Para ello, la propia Constitución establece en su artículo 20 que quien ejerza el periodismo debe hacerlo con responsabilidad social, esta es la consagración, en la más alta de las normas, de la necesidad de que se informe con ética, algo que no siempre se cumple, pero al no hacerlo, pues claro que se tiene que responder. Lo que no nos parece es que se crea que es legítimo acosar judicialmente periodistas, que cada vez haya más personajes públicos lanzando todo tipo de epítetos descalificativos contra los comunicadores sin ningún tipo de sanción para ellos. Acometen este tipo de acciones porque consideran que nadie puede escribir algo negativo de ellos. Es lo que viene sucediendo con varios candidatos en la actual campaña política. Una persona que aspira a ser servidor público debe entender que la prensa está en su derecho de criticarlo o de investigarlo. Limitar el ejercicio del periodismo libre es de autócratas.

El tradicional Día del Periodista en Colombia debe servir más que para celebrar, para reflexionar sobre este oficio en tiempos turbulentos y de cambio, también para recordar que es un servicio para el público y que entenderlo así nos recuerda que la información debe tener un propósito que enaltezca. También este día es bueno recordarles a las audiencias -incluido usted, amigo lector- que la mejor información cuesta y, por eso, necesitamos siempre de su acompañamiento para seguir brindándola con excelencia y con la capacidad de cubrir una región que requiere y merece estar bien informada.