Foto / www.freepik.es / LA PATRIA / El acompañamiento profesional de los pacientes con cáncer resulta fundamental para su recuperación.
El cáncer va más allá de los tratamientos y los pronósticos y representa una de las experiencias más complejas a nivel emocional para quienes lo enfrentan. Desde el punto de vista biológico, su tratamiento puede generar procesos inflamatorios y una activación constante de las hormonas del estrés (como el cortisol, la adrenalina y la noradrenalina) que afectan el funcionamiento cerebral.
Sin embargo, los efectos no se limitan al plano físico: el miedo, la ansiedad, la incertidumbre y la sensación de pérdida de control se convierten en parte del día a día de muchas personas que enfrentan la enfermedad.
Además, estudios indican que entre el 8% y el 24% de los pacientes oncológicos cumplen criterios de depresión y cerca de un tercio presenta trastornos de ansiedad o de adaptación durante el tratamiento.
Esta carga emocional puede manifestarse en cualquier etapa del proceso y, en algunos casos, persisten incluso después de finalizado. Además, los problemas de salud mental se asocian con retrasos en el inicio del tratamiento, menor adherencia a las terapias, peores resultados clínicos y una disminución significativa en la calidad de vida.
A esto se suma el impacto en los cuidadores y familiares, quienes enfrentan altos niveles de estrés emocional, incertidumbre y, en muchos casos, duelo anticipado. Estas afectaciones suelen manifestarse a través de fatiga, irritabilidad o sentimientos de culpa y, con frecuencia, permanecen invisibilizadas, ya que muchos cuidadores priorizan las necesidades del paciente y relegan su propio bienestar emocional.
El foco de todo
Frente a este panorama, los especialistas coinciden en que incorporar la salud mental al cuidado oncológico no es un valor agregado, sino un componente esencial del tratamiento. Esta comprensión ha impulsado el fortalecimiento de modelos de atención integral, que articulan múltiples disciplinas para abordar más allá de su dimensión física, integrando el acompañamiento psicológico, social, nutricional y espiritual.
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El trabajo coordinado entre especialidades permite una planificación más precisa del tratamiento y facilita un acompañamiento continuo antes, durante y después del proceso oncológico, con beneficios directos en la calidad de vida.
“El abordaje integral del cáncer es clave porque reconoce que el tratamiento no termina en la intervención clínica, sino que busca atender a la persona en su totalidad. Cuando se integran de manera coordinada el cuidado psicosocial, la nutrición y el acompañamiento emocional, se fortalecen la adherencia terapéutica, la experiencia del paciente y su capacidad para afrontar cada etapa del proceso”, señala Juan Guillermo Restrepo, hematoncólogo de la Fundación Valle de Lili.
Los casos, en aumento
El cáncer es uno de los principales desafíos para la salud pública a nivel mundial, solo superado por las enfermedades cardiovasculares. En la región de las Américas, según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en 2022 se registraron más de 4,2 millones de nuevos casos. Se estima que esta cifra aumentará en un 60% para 2045, alcanzando 6,7 millones de diagnósticos.
En Colombia, el panorama también es preocupante, pues se calcula que cerca de 40 mil personas fallecen cada año a causa de esta enfermedad. De acuerdo con la Cuenta de Alto Costo, entre enero de 2023 y enero de 2024 se registraron 651 mil 589 casos prevalentes y 62 mil nuevos diagnósticos, lo que representa un crecimiento del 5,41% frente al año anterior.
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