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Foto | www.pexels.com | LA PATRIA | Procúrese revisiones periódicas. Es mejor si se detecta en una etapa temprana.

 

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El queratocono es una enfermedad ocular degenerativa y progresiva en la que la córnea se adelgaza y se abomba hacia adelante, generando una visión borrosa y distorsionada que no se corrige adecuadamente con gafas convencionales. Suele aparecer en la adolescencia o en la adultez temprana y, si no se detecta oportunamente, puede avanzar de forma significativa.

“El queratocono suele diagnosticarse tarde, porque sus síntomas iniciales son sutiles y pueden confundirse fácilmente con un astigmatismo o miopía comunes”, dijo Gerardo Dussan, optómetra y director en Salud Visual en Lentes de Contacto de Ópticas Keralty.  

En las primeras etapas, según el experto, la alteración visual es mínima y puede corregirse con gafas. Pasa que un examen visual estándar sin tecnología de imagen avanzada puede no detectar la enfermedad en su fase subclínica.

 

Condición poco frecuente

Aunque se ha considerado una enfermedad rara, con una prevalencia estimada de 1 por cada 2 mil personas, estudios en población colombiana que asiste a atención especializada han mostrado una frecuencia del 2,84% en consultas de salud visual. 

En los últimos años su detección ha aumentado, gracias al uso de tecnologías como la topografía y la tomografía corneal, que permiten identificar alteraciones incluso en fases subclínicas.

 

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El riesgo es mayor en personas con antecedentes familiares, en quienes se frotan los ojos de forma crónica, especialmente, si presentan alergias o atopía; y en adolescentes o adultos jóvenes, grupo en el que suele diagnosticarse con mayor frecuencia.

Es clave reconocer estas señales en adolescentes y adultos jóvenes:

 

- Empeoramiento rápido del astigmatismo o la miopía.

- Necesidad de cambiar la graduación cada seis a doce meses.

- Visión deficiente a pesar del uso de gafas.

- Visión borrosa en un solo ojo.

- Halos o rayas de luz, especialmente en la noche.

 

Del tratamiento

El manejo depende de la etapa de la enfermedad y de si existe progresión. Si no se diagnostica y trata oportunamente, puede avanzar hasta generar pérdida severa de la agudeza visual, cicatrización corneal y, en casos avanzados, requerir un trasplante.

En etapas iniciales puede corregirse con gafas o lentes blandos; cuando progresa, el cross-linking corneal, un procedimiento que fortalece la córnea para frenar su deformación, permite detener el adelgazamiento y estabilizar la estructura corneal. 

En fases moderadas o avanzadas pueden utilizarse lentes rígidas, gas permeables o esclerales o implantar segmentos intracorneales para regularizar la forma de la córnea.

Más allá del impacto visual, la enfermedad puede afectar la calidad de vida al limitar actividades como conducir, leer o trabajar frente a pantallas y generar ansiedad ante la posibilidad de cirugía.

 

¡Al especialista!

En caso de desarrollar los síntomas, no se automedique. No hay que disfrazar las manifestaciones de la condición.

 


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