Fotos | Cortesía | LA PATRIA
A Antonio José y Juan Carlos López Arango los asesinaron y desaparecieron en el 2001, en Norte de Santander.
Antonio María López murió en el 2021 esperando recuperar los cuerpos de sus hijos Juan Carlos y Antonio José, naturales de Anserma y asesinados entre el 25 y 26 marzo del 2021 en Pamplona (Norte de Santander).
El listón no lo quisieron soltar en la familia y fue su nieta Jéssica Estefanía, sobrina de los hombres, quien decidió, sin ningún tipo de conocimiento y solo dotada de lo que investigaba por cuenta propia, seguir en la lucha.
Con un aparato estatal que siempre les ha dado la espalda, los López Arango siguen luchando por conocer la verdad y recuperar los cuerpos. Hoy, gracias al apoyo de la Fundación Sueños al Renacer y la Unidad de Búsqueda de Personadas Dadas por Desaparecidas, ven una luz.
Vendían mercancía
Juan Carlos, de 22 años, y Antonio José, de 24, vendían mercancía como chanclas, correas y llaveros. El 20 de marzo del 2001 salieron de Anserma a Medellín, donde residía una hermana. Un hombre les dijo que los llevaría a comprar más barato en Pamplona.
Pero se trataría de un reclutador, sujetos que conseguían las fuerzas armadas para engañar a ciudadanos bajo falsas promesas, transportarlos a otras regiones y presentarlos como delincuentes dados de baja en combate.
La joven contó que el 25 de marzo, cerca de las 2:00 de la tarde, Antonio llamó desesperado y dijo que paramilitares habían matado a Juan Carlos en un billar. Les dijo que había entrado al baño y al salir, lo encontró tendido sobre una mesa y la gente mencionaba que lo ultimaron por ser un supuesto guerrillero.
Se quedó junto al cuerpo hasta que las autoridades lo recogieron. Luego lo llevaron a la Estación de Policía, donde puso la denuncia. Le aseguró a su familia que lo llevarían a Pereira en avión y debía sacarlo en la noche, por motivos de seguridad.
Aprovechó para advertirles que si algo le pasaba a él y no llegaba, como si presintiera su muerte, habían sido los paramilitares. Al día siguiente, todos se quedaron esperando, no llegó ningún vuelo con Juan Carlos y Antonio.
Su muerte y las amenazas
Una supuesta llamada del comandante de la Policía del municipio a la casa en Anserma, donde se quedó Antonio María, le indicaba que su otro hijo había escapado y se metió en las filas de la guerrilla. A dos horas de Pamplona, en Santo Domingo de Silos, lo encontraron muerto, con camuflado y fusil.
Desde ahí, tuvieron que dialogar con una fiscal que se encargó del caso. Desde una funeraria les harían las gestiones para el traslado de los cuerpos, y debido a que es una familia de bajos recursos, tuvieron que acudir a rifas, emisoras y otros medios. Solo lograron recoger la mitad.
Ante eso, la funcionaria les pidió que enviaran lo que pudiera y trataría de enterrarlos allá, en Norte de Santander, a 735 kilómetros de Anserma, una tierra desconocida. Les comentó que había empezado a recibir amenazas, no se debía involucrar. No vieron otra que aceptar.
Después de eso, las intimidaciones fueron contra la familia. Llamadas constantes advertían que no volverían a verlos, ni vivos, ni muertos, y quien se atreviera a ir, se quedaría allá con ellos.
Además empezaron a llega panfletos a la vivienda de Antonio María firmados supuestamente por el Bloque Catatumbo de las Auc. La casa de su hija, en el barrio La Milagrosa de Medellín, ardió en llamas. Al parecer, manos criminales lo provocaron, el reclutador sabía que allí se quedaban los hermanos.
Tuvieron que abandonar sus hogares, ser otros desplazados y andar de ciudad en ciudad, con el temor encima. Hasta el 2020 no se registraron en el Sisbén en Anserma, sino que acudían a otros municipios para evitar persecuciones.
Documentos alterados y silencio
Antonio María no dejó de insistir por sus hijos. Logró que la Fiscalía le enviara el documento de necropsia de Juan Carlos, no el de Antonio José porque el caso, les dijo la fiscal, estaba complicado. Además, los registros de defunción estaban alterados.
El señor acudió a la Unidad de Víctimas y en el 2008 incluyeron el caso y lo reconocieron como una ejecución extrajudicial o falso positivo. Pero nunca hubo entrega de los cuerpos ni indemnización, Jorge Iván Laverde Zapata, alias el Iguano, reconoció el crimen, pero según Jéssica, nunca se supo por qué los mataron.
En incontables oportunidades acudió a entes oficiales en Medellín, respuestas hubo pocas. Decía que no quería morirse sin volver a ver a sus muchachos, pero golpeado en su lucha, murió en el 2021. La que sigue esperando es su esposa, María Edelmira, que ni con 77 años ha recibido prioridad.
"Llevábamos mucho tiempo intentando que reconocieran esto en Justicia y Paz, porque cambian y cambian de abogados, ninguno nos ha dado respuesta, no sabemos nada de audiencias, nunca nos han ayudado", dijo Jéssica.
El año pasado, contó, la Fundación Sueños Al Renacer, que acompaña a víctimas del conflicto, logró llevar a Anserma a instituciones para que les ayudara. Así, la UBPD llegó, tomó datos y muestras genéticas. Esperan que con esto puedan dar con los hermanos.
La sobrina autodidacta
A punta de documentos que buscó, sin abogados ni recursos, Jéssica logró que las autoridades actualizaran los registros de defunción de sus tíos y en el 2021 les dieron sus nombres y números de cédula reales.
Votaban a nombre de Juan Carlos
Hasta el 2020, desconocidos estuvieron votando a nombre de Juan Carlos en Medellín, pese a que estaba muerto desde el 2001. Jéssica logró que se cancelara el documento.
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