Estar cerca de los niños en los entornos escolares tiene una gran magia: a cada momento sorprende con acontecimientos que solo se revelan en la proximidad. El rector de un colegio público de Manizales tiene la costumbre de asistir, siempre que su agenda se lo permite, al recreo de los niños. Suele decir, con acierto, que el recreo compensa generosamente las afugias burocráticas de su oficina.
Por estos días de inicio del año escolar, mientras disfrutaba uno de esos plácidos recreos y respondía con cordialidad a los saludos de los niños, Martín, de escasos 11 años, se le acercó y lo saludó con singular simpatía:
- ¡Hola, rector!
El rector le contestó el saludo y continuó su lenta caminata por el patio. Segundos después, insistió Martín:
-¡Hola Rector!
De nuevo el rector correspondió el saludo que se repitió cuatro veces, hasta que el rector le preguntó:
- ¿Me quieres decir algo?
- Sí, rector.
- Dime, adelante.
- Es que mi mamá es licenciada en ingeniería de alimentos y está buscando empleo. ¿Será que le puedo traer su hoja de vida?
La pregunta dejó al rector tan sorprendido como pensativo. Varias reflexiones acudieron a su mente: ¿Por qué un niño en edad escolar se ocupa de problemas de adultos en lugar de disfrutar su merecido descanso?, ¿qué temores tuvo que vencer el niño para atreverse a hablarle al rector?, ¿cuántas cosas nos perdemos por no estar cerca de los niños?, ¿qué representa para un escolar la figura del rector?
Conmovido y bien intencionado, le indicó a Martín que pidiera en la oficina una cita para su mamá al día siguiente. El niño cumplió la diligencia con entusiasmo. Esa misma tarde, la madre se acercó al colegio para confirmar la información y conocer lo ocurrido.
El rector, deseoso de que la historia terminara con buenas noticias y de que Martín cumpliera su propósito de conseguirle empleo a su mamá, con toda voluntad y compromiso llamó a un amigo de la industria de alimentos, le contó la anécdota y le propuso, en tono casi cómplice:
- ¿Conspiramos juntos para que Martín logre su propósito de conseguirle trabajo a su mamá?
La respuesta fue inmediata:
- Rector, está contratada.
Al día siguiente, la señora llegó desde las 7:00 de la mañana. Conversó con el rector sobre su situación familiar y económica. Luego apareció Martín en la Rectoría, la abrazó y le dijo con orgullo:
- Mamá, te conseguí trabajo.
La señora llevaba dos años sin empleo. Madre cabeza de hogar, había tocado muchas puertas y soportado dificultades que terminaron afectando la tranquilidad del niño. Sin tener la más mínima sospecha, la puerta más efectiva -y afectiva- se encontraba en lo más profundo del corazón de su propio hijo.
Mientras escribo estas líneas, la madre de Martín ya completa una semana de trabajo. Y Martín, por fin, disfruta de su recreo, ese que jamás debió haberse interrumpido.