Fanny Bernal Orozco * liberia53@hotmail.com
En el mundo abundan hoy los mandatarios con egos desbordados. Parecen levitar, carecen de empatía, consideran que pueden tomar decisiones a su antojo y de acuerdo con el humor con el que se levanten, sin importarles las consecuencias. Les encanta cazar peleas, responden con palabras soeces, les falta cultura, prudencia, humildad y serenidad en sus mentes y en sus corazones.
Ellos se creen dioses de un Olimpo que ya no existe, lo que existe es guerra, destrucción, hambre, enfermedad, dolor, desolación, duelos y muerte. A estos señores les encantan los verbos: invadir, arrasar, quemar, asolar, matar y justifican sus acciones haciendo creer a los demás, que están defendiendo su territorio de una posible ofensiva.
Ellos, los hacedores de barbarie, a través de sus acciones, son sembradores de miedo y enseñan el desprecio por otros seres humanos; como si esa fuera la única razón para estar en el poder. Así entonces se odia a los ricos, a los empresarios, a los médicos, a otros profesionales, a los periodistas, a los escritores, a los investigadores, en fin, a todo aquel que piense diferente de quienes ostentan el poder.
Ellos los de los egos malvados, los tiranos del poder, son hábiles para mentir, manipular, engañar, causar zozobra, desasosiego y malestar, indiferentes a la corrupción y al respeto por los mínimos éticos humanos y sociales. Mantienen un discurso alejado de la verdad y la realidad, con palabras que ofenden y crean realidades ficticias y alucinantes, espejismos en una clara muestra de la disociación cognitiva en la que transitan.
En el libro Psicopatología del poder, el psiquiatra, psicoanalista y psicólogo Jorge Tizón, refiriéndose a las personas que ostentan el poder, afirma: “Los continuos atentados al lenguaje realizados por nuestros hombres públicos y por los mass media para ocultar su superficialidad o su venalidad o, más groseramente, para hacer desaparecer la realidad, al decir de algunos antropólogos (Steiner, 1990; Duch, 2002), han acabado por afectar grave y negativamente a nuestro lenguaje, a todas las lenguas humanas”.
Hoy parece que para hacerse escuchar, lo tienen que hacer a través de palabras vulgares, de la burla, la ofensa, el insulto, la humillación y así estas personas creen que son más leídas o escuchadas. Su narcisismo se infla cada que hacen sentir mal a otros, su insolencia es -además- aplaudida por quienes en su insensatez, bajan la cabeza en silencio, quizás con miedo de perder los favores del poder.
Y así, poco a poco al mundo lo manejan narcisistas, quienes a partir de su trastorno arrastran y dañan lo que encuentran a su paso, puesto que lo más importante y fundamental es lo que ellos piensan, dicen, sienten o hacen, porque al carecer de auto reflexión, su autocontrol es deficiente y jamás piensan en las consecuencias de lo que deciden.
Al generar destrucción, guerras, apresar y asesinar congéneres, hablar de enemigos internos y externos, están demostrando que en sus mentes, solo tienen cabida las ansias de poder, de riqueza y que el dolor de las víctimas. Es decir los muertos que nadie sepulta, los duelos que no se sanan, la rabia que queda en la memoria emocional, eso a los egos de los malvados, a los tiranos del poder, nada les importa.
* Psicóloga - Docente titular de la Universidad de Manizales.
www.fannybernalorozco.com
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