A escasos cuatro meses para elegir presidente en primera vuelta comenzó en Colombia el entretenimiento de las encuestas con miras a medir la favorabilidad de los precandidatos presidenciales; en lo político este procedimiento no es ni más ni menos que una encrucijada o embeleco de la política y en la presente época lo mejor podría ser el momento de decisiones de la mayoría de los numerosos aspirantes, pues existen demasiados.
Como lo aseveró en su oportunidad el dirigente conservador asesinado hace varios años, Álvaro Gómez Hurtado: “Las encuestas son como las morcillas, muy buenas hasta que se sabe cómo las hacen”. La mayoría de ciudadanos lo que anhela es que haya debates entre los precandidatos y que los que conforman “el festín” de la democracia electoral, para llegar a la presidencia, que renuncien a descalificar a los contrincantes; además que expongan sus propuestas y planes de gobierno en forma clara, con lógica y que no incurran en prometer mucho.
Con base en el calendario electoral establecido por la Registraduría Nacional la elección presidencial será el domingo 31 de mayo. Las encuestas, según las correspondientes fichas técnicas se hacen con base en los datos captados en un número no significativo de hogares en todo el país; entonces, frente a un potencial electoral de más de 39 millones de personas aptas para votar se puede afirmar que la manipulación es posible ante el ínfimo número de participantes. Al ciudadano lo que más le interesa son las soluciones a los problemas sociales y económicos que son el pan de cada día en los hogares.
Los colombianos estamos prestos a escuchar a los candidatos sobre sus propuestas.
Jorge Giraldo Acevedo
La libertad económica
Es claro y evidente que la búsqueda del lucro y la ganancia por parte del empresario particular es un motor esencial para el desarrollo económico, ya que se esfuerzan miles de emprendedores por mantener sus empresas rentables y competitivas, todo bajo el marco de “la responsabilidad social empresarial”, que está concienciado en las organizaciones. Cuando el Estado interviene de forma indebida se generan “cuellos de botella” y se desanima la iniciativa privada. Lo sucedido con la reforma laboral es muestra de oídos sordos ante la serie de razonadas peticiones para buscar consensos, ya que los que saben realmente de empresa y negocios, son precisamente los que viven y sienten en carne propia la economía día a día: los que tienen que pagar nóminas y numerosos costos de producción, así la demanda por sus bienes y servicios, en muchos momentos del año, esté floja e inestable. El Estado tiene que infundirle a la economía un grato clima de armonía social para que todos sus actores trabajen en paz.
Rogelio Vallejo Obando
Del libro Territorio Pantágoras y Quimbayas
En próxima fecha, tendré el honor de presentar mi último libro, titulado “Territorio de Pantágoras y Quimbayas”, en la Academia Caldense de Historia y en Manzanares. En este libro aparece un amplio estudio sobre los indígenas Pantágoras, una tribu que habitó en las tierras del actual oriente de Caldas y cuyo territorio se extendió hacia el norte y centro de Caldas y una porción del departamento del Tolima y que fue exterminado en cruentas batallas por colonizadores españoles. Los indios fueron valientes y resistirieron las atrocidades de los ibéricos, prefiriendo ahorcarse o lanzarse a los caudalos ríos, antes que ser víctimas de estos despiadados españoles. En los municipios donde se presentó este genocidio, no existen vestigios de su existencia, consecuencia del domino extranjero, quienes lograron apoderrse de los territorios de los indigenas, del oro y otras riquezas que estos habitantes poseían.
Los Pantágoras se enfrentaron a la expedición sangrienta al mando de Baltasar Maldonado, comisionado por Hernán Pérez de Quesada. En Guarinó, los indígenas habían levantado fortificaciones o palenques de madera, donde se batieron valientemente. A pesar de la superioridad armamentística de los invasores, quienes perdieron a 22 hombres, los Pantágoras lucharon con coraje. Por el suelo corrieron “ríos de sangre”. Los sobrevivientes optaron por unirse a otras tribus, El conocimiento sobre esta aguerrida tribu se debe en gran parte, a los valiosos estudios dejados por el misionero e historiador español Fray Pedro de Aguado. Él logró penetrar a lo que se conoció como la “Nación o paraíso de los Pantágoras” y fue testigo de sus costumbres. A esto se suman las investigaciones del sacerdote, historiador y académico Pedro José Ramírez Sendoya, realizadas mientras fue párroco de Manzanares. Los Pantágoras, no fueron antropógrafos, por el contrario, esta familia, le tenía horror a la antropofagia. Palenque es sinónimo de invencibles. Una estela de muerte marcó el paso del conquistador Núñez Pedroso, dejó la tierra asolada.
Las investigaciones históricas han demostrado que carece de fundamento lo que se ha enseñado o se enseña en las escuelas, de que Manzanares fue habitado por las tribus Pantágoras, Palenques, Marquetones y Coronados. Hoy se sabe que “Palenque” era solo una denominación ocasional dada por los cronistas a los Pantágoras, debido a sus sistemas defensivos. De igual manera, “Marquetones” era el gentilicio de los habitantes de Mariquita, y “Coronados” era un apodo que se les dio por la forma en que se motilaban, simulando la tonsura de los frailes.
En cuanto a la tribu Quimbaya, es originaria de Colombia, habitó el alto y bajo Cauca, que lo integran los departamentos de Antioquia, Caldas, Risaralda, Quindío y Valle del Cauca. Fue férrea luchadora contra el dominio español, así como con otras tribus en el Nuevo Reino de Granada. Fue un pueblo trabajador. Considerados como los mejores orfebres de América. Fabricaron muchas piezas en oro, cobre, así como cerámica, hilados y tejidos de algodón.
En 1990 aparecieron noticias sobre la existencia del Tesoro Quimbaya, que estaba en poder de guaqueros y coleccionistas de Filandia, Quindío; de allí el tesoro llegó a Manizales y se fue trasladado a Bogotá, donde fue adquirido por Fabio Lozano Torrijos y Domingo Alvarez que se lo vendió al estado colombiano por $70 mil.
Al visitar el museo de América, en la ciudad española de Madrid, se puede observar este valioso tesoro, compuesto por 122 piezas, todas ellas de oro puro, elaboradas por por orfebres cuya maestría trasciende cualquier imaginación, por la perfección y delicadeza de estas obras que son asombrosas. Este invaluable tesoro se lo obsequió a la regente María Cristina de Habsburgo, el presidente chocoano Carlos Holguin Mallarino, por los servicios prestados, por esta en el conflicto con Venezuela. Colombia ha adelantado varias gestiones en busca de la repatriación de tan invaluables joyas, pero los resultados han sido inútiles, porque el Gobierno español asegura que fue una donación del Estado colombiano a España. La corte Constitucional declaró inconstitucional esta entrega.
Fabio Ramírez Ramírez
Premio a Hómez
Con regocijo leímos el muy merecido premio otorgado por Fasecolda categoría Caricatura a Juan Carlos Hómez V. Diariamente vemos el ágil lápiz y por supuesto gran ingenio de Hómez, informándonos con claridad en frases puntuales y excelente dibujo-caricatura del personaje o acontecimiento aludido.
Resaltamos las palabras de agradecimiento de Hómez a Fasecolda por reconocer tan difícil labor, pues sus lectores siempre quedamos claramente muy bien informados con sus caricaturas. “… esta difícil labor que es sintetizar en una imagen un montón de información para poderla llevar a todos los lectores”.
María Helena Arias Arango
Los tres reyes magos
Es conocida la anécdota del párroco que comenzó así su sermón: “Queridos hermanos, hoy celebramos a los tres reyes magos, que no eran tres, ni eran reyes, ni eran magos”. Pues bien, el 4 de enero de 2026, solemnidad de la Epifanía, el diario La Patria publica un Oasis de Gonzalo Gallo que ha salido varios años con motivo de los personajes reseñados por San Mateo en el capítulo 2 de su Evangelio.
Dice ese Oasis que Melchor representa a los europeos, Gaspar a los semitas de Asia y Baltasar a los africanos. Quedan así representados los tres continentes entonces conocidos. También podemos relacionar a esos sabios o astrólogos con los protoparentes (primeros padres) de la humanidad posdiluviana, los tres hijos de Noé: Sem, de quien descienden los semitas (hebreos y árabes); Cam, de quien descienden los camitas o etíopes y por extensión todos los negros; y Jafet, de quien descienden los jafetitas o europeos.
Otra explicación, basada más en las razas que en los continentes, dice que Melchor representa la raza blanca, Gaspar la semita y Baltasar la amarilla (un rey mago chino). Entre nosotros, el negro es Melchor, el calvo Gaspar y el barbado Baltasar. En las figuras del pesebre, el cabecipelado es el que se arrodilla.
En cuanto a sus cabalgaduras, es común mostrarlos en los pesebres como jinetes de dromedarios o de camellos. El dromedario es árabe y norafricano, y tiene una sola giba; el camello es de las estepas del Asia Central y tiene dos gibas.
Algunos pesebres le asignan al rey europeo el caballo, al negro el dromedario, al otro el elefante.
Esta distribución obliga a suponer que el elefante es índico, animal adiestrable, y no africano, que es una fiera. Y el mago que lo monta tiene que ser de la India o del Asia Sudoriental. Si es indio, no puede ser de raza amarilla; si es sudoriental asiático forzosamente tiene que ser amarillo.
Gonzalo Gallo aporta otras explicaciones interesantes. Una de ellas es que Melchor regala oro, Gaspar incienso y Baltasar mirra.
Observador católico
Dos tragedias
Señor director
No hay efecto sin causa. A propósito de las dos grandes tragedias que están ahora muy presentes hago esta reflexión: Si los guerrilleros no hubieran reclutado contra su voluntad (secuestrado) a menores de edad, ellos no habrían muerto en el bombardeo, y si los guerrilleros del M-19 no se hubieran tomado el Palacio de Justicia hace 40 años, esa tragedia no habría sucedido.
Jaime Jaramillo Echeverri
Con la aparición del primer hombre moderno, dotado de racionalidad y curiosidad, se desplegó un amplio abanico de oscuras y generosas posibilidades orientadas esencialmente a una competencia inteligente por la supervivencia. La riqueza natural que la Tierra dejó al descubierto le permitió a este ser dar vida al descubrimiento, a la invención y al florecimiento del desarrollo científico y tecnológico.
Con sus aptitudes y habilidades ha sido héroe en muchos frentes, aunque en ocasiones ha sometido a los más vulnerables y ha pisoteado sus derechos. La fragilidad y la ignorancia nos han convertido, incuestionablemente, en carne de cañón, y las interacciones mediadas por el amor y el odio han sido las responsables de reproducir todo tipo de males. Es el precio que la humanidad ha tenido que pagar, y así se escribe nuestra historia, entre grandes logros y desaciertos imperdonables.
En la posmodernidad, el imperio de los gigantes tecnológicos, digitales e informáticos se ha convertido en protagonista con la súbita llegada de internet y el smartphone. La joya de esta nueva corona es la Inteligencia Artificial (IA), que ha encendido las alarmas y se ha vuelto tema obligado de conversación y debate en cualquier escenario. Sus creadores exaltan sus indiscutibles beneficios, pero revelan solo a medias el lado oscuro de esta deliciosa y tóxica combinación informática que ha penetrado lo más profundo de nuestra conciencia, atrapándonos, manipulándonos y esclavizándonos mediante información falsa y tendenciosa que acaba con cualquier noción de libertad.
El historiador y filósofo Yuval Noah Harari, convertido en referencia obligada cuando se debate sobre este embrujo virtual, advierte que la IA puede abrir la puerta a las primeras dictaduras digitales de la historia, dado que su funcionamiento es la plataforma perfecta para futuras tiranías sanguinarias. Afirma que, por primera vez, una tecnología permite vigilar a cada ciudadano en tiempo real, de forma automática y con una eficiencia que ni las dictaduras más opresivas del pasado pudieron imaginar. Estos enemigos de la democracia piratean nuestros sentimientos de miedo, odio y vanidad, y luego los usan para polarizar y subyugar.
Por este motivo, su implementación debe estar regulada por un marco legal que evite arbitrariedades. Además, es urgente convocar una reflexión ética que permita que la IA sea un instrumento de democratización orientado a la equidad y la justicia, y no un recurso exclusivo de las élites totalitarias para someter a los más débiles.
Orlando Salgado Ramírez
La banalidad del mal en nuestra vida cotidiana
En Manizales hemos visto, en pocas semanas, hechos que parecen sacados de una mente atormentada. Pero no son ficción, son señales de una fractura profunda en nuestra sociedad. El asesino del sacerdote Darío Valencia Uribe que declara: “Lo miré a los ojos y le disparé cuatro veces”. El agresor que mató a un ciudadano diciendo actuar “en nombre de Jehová”. El hijo que asesinó a su propia madre con 19 puñaladas de un destornillador. Y la tragedia de la pequeña Antonella, degollada por la misma mujer que debía protegerla.
Estos crímenes no son simples sucesos policiales. Son el testimonio de un mundo atormentado por la locura. Y esa locura, por dura que sea la palabra, se ha convertido en el patrimonio de nuestro tiempo.
Cada día aumenta su número. Cada día vemos acciones más deshumanizadas, más impulsivas, más crueles.
Hannah Arendt llamó a esto la banalidad del mal: el peligro de actuar sin conciencia, sin detenerse a pensar, sin ese juicio moral que dice “esto está bien” o “esto está mal”. Eso es precisamente lo que estamos perdiendo: la conciencia, la lucidez, la capacidad de distinguir. Porque cuando el sentido del hombre reemplaza al sentido de Dios, la brújula moral se desimanta.
Y en ese vacío, la violencia se normaliza. En ese silencio interior, el mal gana terreno. Así terminamos viviendo bajo una especie de ley de la selva, donde el más fuerte devora al más débil y donde la vida del otro vale cada vez menos.
No podemos continuar arrodillados ante los falsos dioses del dinero, del poder y del tener. No podemos aceptar que la locura se vuelva paisaje. Aunque los hechos estremecen, todavía hay margen para reaccionar. Si estos crímenes nos indignan es porque la conciencia todavía respira. Y mientras respira, hay esperanza. Necesitamos volver a lo esencial: a Dios, a la familia, al respeto por la vida, a la formación del corazón, a la luz que permite distinguir el bien del mal. Sin esa luz, la oscuridad se adueña de todo; con esa luz, incluso pequeña, el mal pierde terreno.
Porque cuando Dios ocupa el centro de la vida, el mal deja de caminar a sus anchas. Y cuando una sociedad decide despertar, la locura deja de ser patrimonio y vuelve a ser excepción. La pregunta que nos queda es simple, pero urgente: ¿Estamos dispuestos a recuperar la cordura moral antes de que la locura se vuelva irreversible?
Clara Inés Llano Uribe
Qué tristeza, pero parece que sí. La antigua casona que albergó por muchos años el Instituto Universitario y después la Escuela Juan XXIII fue objeto de una parcial remodelación, que como todo lo nuestro quedó en veremos y apunta a convertirse en un elefante blanco más. Aunque yo no creo, dicen que es cuestión presupuestal y que se acabó el dinero, pero cómo para otras cosas menos importantes sí hay. Lo que pasa es que a la actual Administración no le interesa un espacio que iba a destinarse a fomentar la cultura, el arte, los museos, las exposiciones; en fin, las cosas bellas de la vida. Y para completar no sabemos a qué genio se le ocurrió que era bueno rodear la casona de un esqueleto en concreto, dizque para parqueaderos. Cuando el patio, bien organizado con bellos jardines, hubiera sido suficiente. ¿Será que lo de la remodelación de tal construcción va a la par con el aeropuerto del Café, que no lo veremos nunca?
Bernardo Molina Marulanda
Cada vez que la Selección Colombia nos representa, se observa un respeto general por sus jugadores, incluso por aquellos que no pasan por un buen momento. No recuerdo que alguno de tantos haya sido silbado cada vez que ha cometido un error durante un partido. Más bien, he visto actos de gallardía y nobleza que despiden a ese jugador con aplausos en el momento en que es llamado a la banca, como queriéndole decir: lo comprendemos, todos tenemos malas tardes. Entiendo que ese comportamiento es una muestra de respeto por el propio país, encarnado esta vez en la persona de ese jugador.
Por ello se me hace incomprensible y condenable que una parte de los aficionados que asisten al estadio de Manizales no puedan tener una actitud más condescendiente, comprensiva y respetuosa con un jugador de nuestro departamento que nos representa en el Once Caldas. No mencionaré esta vez su nombre, porque los aficionados que asisten al estadio saben de quién se trata. No quisiera estar en el lugar de él, porque me sentiría absolutamente decepcionado al ver que mis coterráneos, en lugar de alentarme, me destruyen inmisericordemente.
Tema de otro comentario será determinar cuánto influyen en este comportamiento ciertos comunicadores.
Jorge O. López V.