Con la aparición del primer hombre moderno, dotado de racionalidad y curiosidad, se desplegó un amplio abanico de oscuras y generosas posibilidades orientadas esencialmente a una competencia inteligente por la supervivencia. La riqueza natural que la Tierra dejó al descubierto le permitió a este ser dar vida al descubrimiento, a la invención y al florecimiento del desarrollo científico y tecnológico.
Con sus aptitudes y habilidades ha sido héroe en muchos frentes, aunque en ocasiones ha sometido a los más vulnerables y ha pisoteado sus derechos. La fragilidad y la ignorancia nos han convertido, incuestionablemente, en carne de cañón, y las interacciones mediadas por el amor y el odio han sido las responsables de reproducir todo tipo de males. Es el precio que la humanidad ha tenido que pagar, y así se escribe nuestra historia, entre grandes logros y desaciertos imperdonables.
En la posmodernidad, el imperio de los gigantes tecnológicos, digitales e informáticos se ha convertido en protagonista con la súbita llegada de internet y el smartphone. La joya de esta nueva corona es la Inteligencia Artificial (IA), que ha encendido las alarmas y se ha vuelto tema obligado de conversación y debate en cualquier escenario. Sus creadores exaltan sus indiscutibles beneficios, pero revelan solo a medias el lado oscuro de esta deliciosa y tóxica combinación informática que ha penetrado lo más profundo de nuestra conciencia, atrapándonos, manipulándonos y esclavizándonos mediante información falsa y tendenciosa que acaba con cualquier noción de libertad.
El historiador y filósofo Yuval Noah Harari, convertido en referencia obligada cuando se debate sobre este embrujo virtual, advierte que la IA puede abrir la puerta a las primeras dictaduras digitales de la historia, dado que su funcionamiento es la plataforma perfecta para futuras tiranías sanguinarias. Afirma que, por primera vez, una tecnología permite vigilar a cada ciudadano en tiempo real, de forma automática y con una eficiencia que ni las dictaduras más opresivas del pasado pudieron imaginar. Estos enemigos de la democracia piratean nuestros sentimientos de miedo, odio y vanidad, y luego los usan para polarizar y subyugar.
Por este motivo, su implementación debe estar regulada por un marco legal que evite arbitrariedades. Además, es urgente convocar una reflexión ética que permita que la IA sea un instrumento de democratización orientado a la equidad y la justicia, y no un recurso exclusivo de las élites totalitarias para someter a los más débiles.
Orlando Salgado Ramírez
 

La banalidad del mal en nuestra vida cotidiana
En Manizales hemos visto, en pocas semanas, hechos que parecen sacados de una mente atormentada. Pero no son ficción, son señales de una fractura profunda en nuestra sociedad. El asesino del sacerdote Darío Valencia Uribe que declara: “Lo miré a los ojos y le disparé cuatro veces”. El agresor que mató a un ciudadano diciendo actuar “en nombre de Jehová”. El hijo que asesinó a su propia madre con 19 puñaladas de un destornillador. Y la tragedia de la pequeña Antonella, degollada por la misma mujer que debía protegerla.
Estos crímenes no son simples sucesos policiales. Son el testimonio de un mundo atormentado por la locura. Y esa locura, por dura que sea la palabra, se ha convertido en el patrimonio de nuestro tiempo.
Cada día aumenta su número. Cada día vemos acciones más deshumanizadas, más impulsivas, más crueles.
Hannah Arendt llamó a esto la banalidad del mal: el peligro de actuar sin conciencia, sin detenerse a pensar, sin ese juicio moral que dice “esto está bien” o “esto está mal”. Eso es precisamente lo que estamos perdiendo: la conciencia, la lucidez, la capacidad de distinguir. Porque cuando el sentido del hombre reemplaza al sentido de Dios, la brújula moral se desimanta.
Y en ese vacío, la violencia se normaliza. En ese silencio interior, el mal gana terreno. Así terminamos viviendo bajo una especie de ley de la selva, donde el más fuerte devora al más débil y donde la vida del otro vale cada vez menos.
No podemos continuar arrodillados ante los falsos dioses del dinero, del poder y del tener. No podemos aceptar que la locura se vuelva paisaje. Aunque los hechos estremecen, todavía hay margen para reaccionar. Si estos crímenes nos indignan es porque la conciencia todavía respira. Y mientras respira, hay esperanza. Necesitamos volver a lo esencial: a Dios, a la familia, al respeto por la vida, a la formación del corazón, a la luz que permite distinguir el bien del mal. Sin esa luz, la oscuridad se adueña de todo; con esa luz, incluso pequeña, el mal pierde terreno.
Porque cuando Dios ocupa el centro de la vida, el mal deja de caminar a sus anchas. Y cuando una sociedad decide despertar, la locura deja de ser patrimonio y vuelve a ser excepción. La pregunta que nos queda es simple, pero urgente: ¿Estamos dispuestos a recuperar la cordura moral antes de que la locura se vuelva irreversible?
Clara Inés Llano Uribe
 

Qué tristeza, pero parece que sí. La antigua casona que albergó por muchos años el Instituto Universitario y después la Escuela Juan XXIII fue objeto de una parcial remodelación, que como todo lo nuestro quedó en veremos y apunta a convertirse en un elefante blanco más. Aunque yo no creo, dicen que es cuestión presupuestal y que se acabó el dinero, pero cómo para otras cosas menos importantes sí hay. Lo que pasa es que a la actual Administración no le interesa un espacio que iba a destinarse a fomentar la cultura, el arte, los museos, las exposiciones; en fin, las cosas bellas de la vida. Y para completar no sabemos a qué genio se le ocurrió que era bueno rodear la casona de un esqueleto en concreto, dizque para parqueaderos. Cuando el patio, bien organizado con bellos jardines, hubiera sido suficiente. ¿Será que lo de la remodelación de tal construcción va a la par con el aeropuerto del Café, que no lo veremos nunca?
Bernardo Molina Marulanda

Cada vez que la Selección Colombia nos representa, se observa un respeto general por sus jugadores, incluso por aquellos que no pasan por un buen momento. No recuerdo que alguno de tantos haya sido silbado cada vez que ha cometido un error durante un partido. Más bien, he visto actos de gallardía y nobleza que despiden a ese jugador con aplausos en el momento en que es llamado a la banca, como queriéndole decir: lo comprendemos, todos tenemos malas tardes. Entiendo que ese comportamiento es una muestra de respeto por el propio país, encarnado esta vez en la persona de ese jugador.
Por ello se me hace incomprensible y condenable que una parte de los aficionados que asisten al estadio de Manizales no puedan tener una actitud más condescendiente, comprensiva y respetuosa con un jugador de nuestro departamento que nos representa en el Once Caldas. No mencionaré esta vez su nombre, porque los aficionados que asisten al estadio saben de quién se trata. No quisiera estar en el lugar de él, porque me sentiría absolutamente decepcionado al ver que mis coterráneos, en lugar de alentarme, me destruyen inmisericordemente.
Tema de otro comentario será determinar cuánto influyen en este comportamiento ciertos comunicadores.
Jorge O. López V.
 

Hemos olvidado el buen trato
Es bien entendido por todos que la Urbanidad, del maestro Manuel Antonio Carreño Muñoz*, en lo atinente al buen trato entre los seres humanos, tiene reglas y pautas que deben ondear siempre como bandera, aún en las diferencias más álgidas y pesadas entre los hombres, en todo lugar y tiempo.
Bien equivocados están los que creen que con lenguajes hirientes, falsas acusaciones, imprecaciones y adjetivaciones miserables contra el otro se fortalecen nuestros argumentos. Lo que fortalece es la desunión eterna; grave fenómeno que impacta negativamente a la convivencia pacífica.
Digamos nuestras verdades sin ese ánimo perverso de querer vejar, dañar y subvalorar al semejante. Busquemos la paz interior, y ahí sí “salgamos” a exponer y a discutir o escribir. Se verá que lo hacemos con buenas, armónicas y elocuentes formas. No olvidemos que eso de maltratar y “pordebajiar” fea y fieramente al otro no puede tener cabida en ningún espacio. Es insano.
Oportuno el momento para decir que todos debemos cultivar el buen humor, deficiencia rotunda y notoria en los fanáticos. No debemos ser adustos. La excelencia y calidez en las relaciones interpersonales brindan calidad de vida. Y traen paz.
Rogelio Vallejo Obando

Posiciones diversas
Reza un adagio popular: Cada quien da lo que tiene. Esta frase, que todos la escuchamos desde hace cientos de años, sigue vigente. Cuando no se respeta la individualidad de las personas, empezando por sus criterios y posiciones en el libre desarrollo de su personalidad. Cada vez que expresamos con palabras o con hechos sentimientos negativos frente a alguien, va impresa la estructura que tenemos respecto a los valores y la ética.
Al actuar con coherencia, respeto por los demás en sus opiniones como la óptica de ver el diario acontecer, emanamos un magnífico concepto que se refleja en un amplio sector poblacional. Cuando es a la inversa dejamos esculpido una pírrica, pobre y decadente formación profesional y humanística.
En todos los ámbitos existen los famosos sirirí que pertenecen a una importante familia de aves que habitan principalmente la región tropical de América: Tyrannus melancholicus. Son conocidos como atrapamoscas debido a que gran parte de su dieta alimenticia se basa en este tipo de insectos. Los atrapamoscas o siriríes también se encuentran en los seres humanos, cuando nos dedicamos a estar realizando señalamientos, como se dice a joder, sin dar fórmulas de solución ni edificar; alimentándose de resentimiento y veneno. Cada quien da lo que tiene.
Álvaro Alzate Ussma

Estado distraído con el orden económico y público
La ausencia de estudio y entendimiento perfecto de que buenos resultados en diferentes áreas de la economía son en razón de óptimas decisiones en diferentes políticas públicas, provoca que muchas veces cambios propuestos conducen a fenomenales fracasos. Cuando se entra a desconocer series cronológicas, virtuosas desde todo punto vista, la desaceleración campea a ritmos asustadores, lo que genera problemas y consecuencias negativas como se ha visto con los universos de “Mi casa ya”, “Icetex” y otros desarrollos, que venían muy normalizados y efectivos en sus productos y rendimientos, caso Ecopetrol. 
Hay desorden en la economía. Es necesario complementar lo expuesto, recordando que el Estado no se puede distraer de sus funciones esenciales, como es el real mantenimiento del orden público y decididamente preocuparse por la convivencia pacífica, que descansa en la unidad nacional. La economía sin orden público resplandeciente y efectivo se va de bruces.
Rogelio Vallejo Obando

Lo prioritario, cumplir la Constitución
Tal y como lo afirmó El Tiempo en el editorial “elemento distractor” “inaceptable que el Gobierno concentre sus energías en una constituyente inviable, mientras descuida frentes que impactan la vida de la gente”; es que en la actualidad no existen razones importantes para cambiar o introducir nuevos artículos para reformar aspectos fundamentales de la Constitución Política de Colombia, que apenas tiene 34 años de promulgada; además ya ostenta numerosas modificaciones.
Somos muchos los ciudadanos que deseamos una Constitución estable, sin tantas reformas y cambios y que en verdad sirva para disminuir los problemas que existen en el país; tampoco queremos una “Carta Magna” convertida en una “colcha de retazos” por tantas modificaciones.
La vigente Constitución lo que requiere es que se cumpla, respete y si es del caso que el Congreso, como poder legislativo, la desarrolle con base en las necesidades propias del país. Además, como lo han señalado connotados comentaristas conocedores del tema, en la Administración de Gustavo Petro no existe el tiempo requerido para cambiar y promulgar una nueva norma Constitucional; son numerosos los requisitos que demanda este procedimiento.
Jorge Enrique Giraldo Acevedo

Dos lunares arquitectónicos de Salamina
Es deplorable ingresar a Salamina, mi ciudad natal y ver al lado izquierdo por toda la calle iniciando la carrera sexta o principal, llena de latas, pasto y maleza, en donde hace años hubo una conflagración y se quemaron todas las casas. Es increíble cómo pasó esto cuando el Cuerpo de Bomberos está a una cuadra, valiendo la pena preguntarnos cuáles son sus equipos y preparación para atender este tipo de emergencias. Han pasado los años y administraciones sin que se preocupen por volver a construir las viviendas, entre tanto los afectados tuvieron que reubicarse en diferentes partes, sufriendo graves perjuicios.
El segundo lunar lamentable y doloroso es el Teatro Municipal, que está ubicado en la Plaza de Bolívar en el edificio de la Alcaldía, donde en otrora servía para realizar eventos de diversa índole, se proyectaba cine diario, sirviendo de entretenimiento para la gente, ahora está abandonado completamente y donde estaba la pantalla también está recubierta de maleza ya colindando con el solar de la casa contigua. Se ve la tierra y el pasto, al igual que las sillas completamente destruidas, el piso acabado, en general todo el escenario en las condiciones más críticas. Lugar en donde se proyectaba cine a diario y había cantidad de programas culturales. Recientemente se celebró el bicentenario ignorando tales circunstancias que afean y causa lástima.
En el año 2011 Salamina fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación en Colombia e incluida como parte del Paisaje Cultural Cafetero (PCC) declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2011. Su designación se debe a su rico patrimonio arquitectónico, con un centro histórico bien conservado de casas construidas en tapia y bahareque, y su importancia cultural como centro de la colonización antioqueña. Debe haber un organismo o institución que vigile la conservación del nombre por merecimiento o revocarlo.
Álvaro Alzate Ussma

En relación a un editorial
Señor director:

Con ocasión del editorial publicado el sábado 13 de diciembre de 2025, titulado “Ni un solo reclutado más”, quiero expresar un reconocimiento por abordar de manera directa y oportuna el drama persistente del reclutamiento infantil en Colombia. Las cifras y el contexto expuestos son contundentes y constituyen un llamado urgente a la conciencia colectiva: este fenómeno nos interpela como país y como humanidad.
Sin embargo, considero problemático vincular la defensa de la niñez con la disminución de la natalidad. En primer lugar, porque los sectores sociales más expuestos al reclutamiento forzado son precisamente aquellos en los que la tasa de fecundidad menos ha descendido. En segundo lugar -y más importante- porque resulta éticamente inaceptable sugerir que el valor de la vida de niños y niñas dependa de su abundancia o escasez demográfica. ¿Acaso el reclutamiento forzado sería menos grave si fuéramos una sociedad más fértil?
Por otra parte, el uso de menores en las filas guerrilleras no es un fenómeno reciente. Ha estado presente desde el origen mismo de estos grupos armados, hace más de medio siglo. Si bien su incremento actual es alarmante, no puede tratarse como una novedad coyuntural. En ese sentido, cuestionar al Gobierno por no recurrir a bombardeos sistemáticos contra estructuras ilegales implica, de facto, exigirle acciones militares que cobren la vida de niños y adolescentes. No es posible celebrar ni relativizar la muerte de los al menos quince menores reportados durante el segundo semestre de este periodo.
Me sumo, sin ambigüedades, a la exigencia de acciones firmes y efectivas por parte del Estado para erradicar este crimen. En tiempos de cambio, las prioridades deben ser inequívocas y la protección de la niñez debe permanecer en el terreno de lo no negociable.
Andrés Muñoz Mc Causland